3月26日
Diarios de Moria. La sala archivo de Khazad-dûm.
Después de hablar con el orco, en
sucesivos días, visité la sala archivo. Allí encontré documentación muy variada
sobre Khazad-dûm: relación de trueques con otros pueblos, sentencias jurídicas,
inventarios de armamento, crónicas sobre batallas, recopilaciones de leyendas y
cuentos, etc.
Me he instalado en la sala contigua al
archivo, la de escritura. Es más pequeña y acogedora que el archivo y tiene
chimenea, que tira bien. También hay un pozo por el que se escuchaba el rumor
de uno de los innumerables ríos subterráneos que recorren las minas. La sala
queda más lejos de la puerta oeste, pero su contenido es más poderoso que el
tener que cruzar media Moria, con el orco rondando en las sombras, para salir al
exterior.
He bloqueado con
piedras de cantería la entrada del pasillo al archivo y la otra puerta, por donde
se escapó el orco, dejando útiles la de acceso a la sala de escritura y la que
da paso de ésta al archivo. Ahora queda una sala doble con un único acceso
desde los pasadizos de Moria.
Aquí es donde comencé a escribir el
presente diario. Al final de cada jornada, tras recorrer las minas buscando
mithril, salir al exterior a por alimentos y vérmelas de vez en cuando con el
infame Azog, me siento en una de las mesas con bancada de piedra y reviso poco
a poco documentos del archivo hasta que los míos vengan. Para organizar todo
esto se necesita un ejército de enanos.
El día que encuentre mithril sobrarán
manos para revivir Khazad-dûm y no tendré que preocuparme de Azog.