3月27日
Diarios de Moria. Rutina.
Afuera hace un día de trolls. Salí esta
mañana a cazar algo y las gotas de lluvia eran tan heladas que hacían daño en
la cara. Pronto nevará. Sólo he conseguido cazar dos ardillas negras, pequeñas
y de piel tan dura como un corpiño de cuero. Haré sopa con ellas.
El orco ha estado molestándome casi todo
el día. Creo que ha olido las ardillas. He tenido que salir de mi sala un par
de veces, hacha en mano, e ir tras él por los pasadizos. Me ha hecho correr
durante un buen rato por los niveles inferiores y, cuando ya no podía más, me
plantó cara. Cruzamos armas unos instantes y luego vuelta a correr pasadizo
arriba, pasadizo abajo. Estoy cansado, sudoroso, con pocas ganas de leer y
organizar manuscritos. Sólo deseo acurrucarme junto al fuego y dormir.
He decidido que mañana saldré sin cota de
malla ni botas, con ropa ligera para moverme rápido y con sigilo, y armado con
hachas cortas a intentar averiguar dónde balrogs duerme el orco. Si él no me
deja descansar, yo tampoco le dejaré a él.
Le estoy escuchando patalear por el
pasillo. Ya está aquí otra vez. Cuando cueza las ardillas le tiraré los restos para
ver si se entretiene rumiando y me deja unos momentos de paz. Pero antes meteré
unas anillas de cota de malla en las tripas de las ardillas con la esperanza de
que una se le atraviese en el gaznate al muy bellaco.
Esta situación es insoportable.